2012/02/20 17:18 KST
Popular aunque reservado, un restaurante norcoreano mantiene discreta la parte "Norte"
Phnom Pehn, Camboya, 20 de febrero (Yonhap) -- Las puertas rojas de madera del bulevar Monivong nº 400 son difíciles de encontrar si no las estás buscando. Sólo un letrero, blanqueado por el sol, en lo alto, las señala como la entrada al recinto del restaurante Pyeongyang, una cadena norcoreana y uno de los destinos culinarios más famosos de Phnom Penh. También es el lugar que Lee Un-yong y sus compañeras camareras llaman hogar.Al igual que muchas de las mujeres que han trabajado aquí, Lee es una empleada transitoria. Ahora, ocho meses después de sus tres años de compromiso con el restaurante, en muchos sentidos su nuevo hogar es tan hermético y opresivo como el régimen del que procede.
Se supone, pero no se reconoce, que es propiedad del Gobierno norcoreano, en un esfuerzo para recaudar dinero para el régimen, las declaraciones oficiales acerca de la importancia política del establecimiento son difíciles de conseguir. Una entrevista con la dirección del restaurante llegó a un abrupto final cuando surgieron las preguntas acerca de la política.

"No quiero hablar de nada político", dijo la mujer en el teléfono, quien se identificó como la gerente, pero no quiso dar su nombre. "Si usted quiere conocer el restaurante puede venir a verlo por sí mismo y probar algunos de nuestros platos. De lo contrario no tengo nada que decir".
Sumándose a la confidencialidad están la piedra y la alambrada metálica que rodean al restaurante, que evitan que los mirones vean lo que ocurre en el interior cuando está cerrado. Las fotografías de las instalaciones están estrictamente controladas y, en muchos casos prohibidas, excepto por una instantánea de recuerdo con las camareras.
Todo sirve como un recordatorio de que, aunque al personal se le permite vivir en el extranjero, este lugar es en realidad un limbo entre la libertad de Camboya y el régimen opresivo que ellas llaman hogar. Incluso en Phnom Penh se ven obligadas a vivir una existencia limitada.
"Yo realmente no llego a viajar", dijo Lee, cuando se le preguntó si tuvo la oportunidad de ver Angkor Wat en su estancia de ocho meses, "pero a veces vamos al mercado de compras".
Un día típico para ella y sus compañeras de trabajo es ajetreado.
"Estudio inglés, hago nuestros ejercicios, preparo el restaurante y practico nuestro espectáculo todos los días", dijo, refiriéndose al número de canto y danza que tiene lugar todas las noches a las 8:00 de la tarde. Es este espectáculo lo que ha dado tanta fama a la cadena de restaurantes.
Las chicas se turnan en el escenario representando una mezcla de tambores, interpretación de bajo, cante y baile. Incluso la canción pop ocasional se abre paso en el repertorio de canciones, en su mayoría tradicionales. Cuando es el turno de Lee, canta una canción tradicional coreana, mientras otra chica toca el teclado.
Entre sus actuaciones, las mujeres se turnan para servir pucheros de "naengmyeon", un plato norcoreano de fideos fríos, guiso de carne de perro y otras delicias coreanas, a un cuarto lleno de hambrientos clientes. Es una escena repleta de extrañas yuxtaposiciones.
Los platos están adornados con grandes raciones de comida, que, con toda seguridad, es probable que no sean vistas por el norcoreano medio en su hambrienta tierra natal. La conversación con los clientes implica un intercambio de historias, muchas contradictorias con la propaganda con la que han sido criadas.
Lee expresó su sorpresa genuina cuando un comensal surcoreano-estadounidense le dijo que Seúl es una de sus ciudades preferidas para vivir. "¿En serio?", preguntó, volviendo a contar la historia en coreano apresurado a una de las otras camareras, quien luego preguntó "¿por qué?".
En los ocho años transcurridos desde su apertura, la novedad exótica del restaurante le ha valido una participación equitativa en la atención de los medios de comunicación, desde los escritores de viajes a los blogeros. Sin embargo, las recomendaciones para comer en el restaurante deberían tomarse con cautela. Aunque nunca se ha difundido ninguna declaración oficial, se rumorea, de forma generalizada, que los fondos obtenidos por el restaurante apoyan directamente al Gobierno de Corea del Norte.
Para bien o para mal, toda la atención mediática le ha convertido en un destino turístico popular. Es especialmente popular entre los surcoreanos, que, hasta hace poco, constituían la mayor proporción de turistas a Camboya. Esto podría ser parte de la razón de que la parte "Norte" de este restaurante coreano esté tan atenuada. El interior se asemeja a un restaurante chino del medio oeste de los EE.UU. -genérico, inofensivo y sin pretensiones-.
Incluso después de su muerte reciente, no hay homenajes evidentes al difunto líder norcoreano, Kim Jong-il, o a su familia, en las áreas en donde los clientes están permitidos, a pesar de que las camareras expresan tristeza por su muerte. "Paramos el restaurante durante unos días", dijo Lee. "Fue algo muy triste".

Sin embargo, formas más sutiles de propaganda se pueden encontrar en una inspección más de cerca. Los nombres de las camareras están impresos en diminutas réplicas de plástico de la bandera de Corea del Norte, que llevan encima de sus corazones. Pinturas melodramáticas de las maravillas naturales del Norte cubren las paredes: grandes praderas, mareas altas y cascadas.
Una pintura particularmente grandiosa descansa sobre el muro de la caja registradora: una colorida representación de un tigre, a medio rugir, de pie sobre el monte Paekdu, el legendario lugar de nacimiento de Kim Jong-il.
A pesar de la propaganda suavizada, el restaurante se ha visto rebosado por las tensiones políticas en la península. Tras el hundimiento del Cheonan en marzo de 2010 y el bombardeo de la isla de Yeonpyeong en el mes de noviembre del mismo año, se informó de que la embajada de Corea del Sur en Camboya estaba recomendando a las agencias turísticas que llevaran a sus grupos a otros lugares. Aunque nunca se emitió ninguna declaración oficial, el restaurante fue retirado de los itinerarios de algunas agencias de turismo.
Recientemente, Camboya se ha mantenido, por lo general, reservada cada vez que surgen problemas entre las dos Coreas, pero tiene una intensa historia con el Norte. El rey Sihanouk, el antiguo rey de Camboya, tenía una fuerte amistad con Kim Il-sung. Sihanouk se negó a reconocer al Gobierno surcoreano y Corea del Norte siguió prestando apoyo a la monarquía camboyana, incluso después de su derrocamiento en 1970. Sihanouk haría frecuentes visitas a Corea del Norte y, en ocasiones, permanecería durante meses en el exilio, servido por un fastuoso personal norcoreano. Cuando fue reinstaurado como rey en 1991, Corea del Norte le proporcionó guardaespaldas. El Gobierno de Camboya todavía muestra signos silenciosos de apoyo al régimen, que incluyen un bulevar en Phnom Penh llamado en honor de Kim Il-sung y planes aprobados para un centro cultural norcoreano que se construirá cerca de Angkor Wat.
Pero cualesquiera que sean las tensiones que existían en el restaurante parecen haber desaparecido en la actualidad. En dos visitas independientes al restaurante, estaba casi lleno para el espectáculo nocturno de la cena. Aunque la cuestión parece haber sido dejada de lado por el momento, para Lee y sus compañeras de trabajo, la vida en el restaurante no cambia mucho.
Mientras limpia las mesas al final de la noche, una versión orquestal de "Let It Be" de los Beatles toca en el fondo -la ironía de la letra olvidada perdida en la traducción-. Pero para aquellos que entienden, es sólo un indicio más de que la vida de libertad está fuera de su alcance.
elena@yna.co.kr
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